viernes, 21 de noviembre de 2014

budin con coco



El tradicional budín de pan añejo, con el sabor del coco en sus ingredientes, para darle un aire diferente en presentación y textura. Requiere de 1 bollo de pan tipo baguette, partido en trozos. Puede ser añejo (de un día anterior o más) pero igual funciona si es pan del día. 

Se pone a remojar en leche a que lo cubra, bien pueden ser 2 tazas de leche común, pero le sugiero probar con 1 lata de leche de coco y completar con leche si requiere. Una vez suave el pan, le añade 1 taza de azúcar, 3 huevos enteros, 1 taza de coco deshidratado, 1 barra de mantequilla derretida (120gr),  1/2 taza de queso blanco rallado, especias al gusto como canela, clavo de olor en polvo y vainilla. 

Se une a formar una sola mezcla. Se vierte en un molde engrasado en mantequilla y rociado con azúcar negra o tapa de dulce molida (azúcar de caña). Se lleva al horno precalentado, a temperatura media 350°f/180°C por al menos 40 minutos, hasta que haya dorado y el centro esté firme. 

Los budines es mejor enfriar por completo para desmoldar. Se mantiene bien conservado hasta dos días. Luego es mejor refrigerarlo. Pero este tipo de receta es para saborearlo prontamente. Con un café o bien servido como postre. Espero lo prueben. Como siempre, pueden añadirse más ingredientes al gusto, pero se los reseño para destacar el sabor del coco. 


miércoles, 5 de noviembre de 2014

hongo shiitake


El hongo shiitake u hongo del árbol es una seta comestible originaria de Asia del este, shiitake significa "seta fragante". Desde la dinastía Ming (1368-1644), se recomienda ser utilizado no solamente como alimento, sino también como remedio para algunos padecimientos, como las enfermedades respiratorias, la mala circulación, el mal de hígado, el agotamiento, la debilidad y subir el qi, es decir, la energía de la vida, así como retrasar el envejecimiento. 

Pero fíjese usted, que aquí en Costa Rica, subiendo (irónicamente) el Cerro de la Muerte, en un lugar llamado Siberia de Pérez Zeledón, estos hongos crecen en los árboles de roble de la zona. Ahí funcionan los programas de turismo comunitario. Ahí se llega caminado, haciendo ejercicio, respirando aire puro, como en el grupo de Biocaminatas y lo premian a uno con estos honguitos.


Tiene muchas formas de prepararse, aquí les comparto esta receta básica: se pican los hongos y se saltean en aceite de oliva con ajo, cebolla, chile dulce y hierbas. Dado que el cultivo es especial, que no se produce en zonas comunes y que es un proceso lento y laborioso (aunque natural), el precio es más alto en comparación que la comida típica.

 Pero si usted se da un gustico de vez en cuando con unos camarones o una colita de langosta, porqué no dárselo por estos ricos y nutricionales hongos. Vea que hasta con una arruguita menos podría bajar de Siberia a su casa!. 

martes, 4 de noviembre de 2014

queque gelatina de limón


Hacer un queque simples para acompañar el cafecito de la tarde no es nada complicado. Cuando uno no se ha metido a hacer un queque le parece mucho esto con lo otro, pero ya después de un par de veces, tiene para decir … ah.. si es un queque!! (así de fácil – entre los vocablos del costarriqueñismo). Darle un aire diferente, entre color y sabor a limón, se logra incorporando un sobre de gelatina en polvo. 

Aquí le dejo la receta para que la tenga a mano, bueno en la pantallita, ya más de un virtual prójimo solo así le gusta. 1 barra de mantequilla  de 120gr (margarina o lactocrema), 1 taza de azúcar, 2 tazas de harina, 1 limón ácido verde (ralladura de la cáscara y jugo), ½ taza de jugo de naranja, 2 cucharaditas de polvo de hornear (royal), 3 huevos, 1 cucharadita de vainilla (opcional), 1 sobre de gelatina de limón 80gr., ½ taza de leche*(para ajustar).

Precaliente el horno a temperatura media. Empiece por batir la mantequilla con el azúcar hasta formar primero borona y luego que se vaya haciendo como una crema. Añada 1 huevo a la vez. Deje que se integre bien cada uno antes de añadir el siguiente. Luego la vainilla, el jugo de limón, la ralladura y el jugo de naranja. Agregue el polvo de la gelatina y las gotas de colorante.  Cierna harina y royal  y vaya añadiendo a poquitos hasta completar. Si la mezcla está muy espesa integre lentamente la leche hasta dar punto, pero sin que sea muy húmedo.

Pase la mezcla a un molde engrasado y enharinado y lleve al horno por unos 30 minutos, a 180°C / 350°F hasta que esté dorado. Compruebe que el centro esté firme punzando y verificando que salga limpio el cuchillo o palito de madera. Deje enfriar por completo antes de desmoldar.


Creo que funciona mejor en un molde tipo chimenea (agujero al centro) para que se cocine en forma pareja y la presentación se luzca mejor. Pero la que sigue (para el otro cumple) lo haré en un molde rectangular a ver qué pasa! A veces me dan ganas de comer algo rico y diferente,  entonces me acuerdo de este verde queque, lo hago y se me pasa!

picadillo vainica con huevo


Esta leguminosa, llamada en Costa Rica como vainica, también recibe otros nombres  como poroto verde, ejote, habichuela y vainita (Phaseolus vulgaris)  Es una vaina mejorada del frijol. Se consume mucho en nuestro país estando tierna, en picadillos mixtos con verduras, sopas, envuelta en huevo en ensaladas, encurtidos, vinagretas e integrada al arroz.

El rebozar en huevo en pequeños rollos, se le dice barbudos (ver receta) y se disfrutan simples o con salsa de tomate. Pues el sabor es el mismo si se hacen tortas para simplificar el proceso. Y por ende muy parecido a este picadillo. Una receta que no es tan común, pero sirve como alternativa para disfrutarla.  


Para unas cuatro porciones, requiere de 500 gramos de vainica tierna, despuntada y picadita fina, 2 huevos, 1 cebolla, sal y condimento al gusto.  Se cristaliza en un sartén, la cebolla picada con 1 poquito de aceite. Incorpore la vainica picada y mueva. 

Añada 2 cucharadas de agua y deje que se evapore mientras se suaviza la vainica. Mantenga la medida de agua en cucharadas hasta que la vainica esté suave; entonces revuelva los huevos con sal y condimento y viértalos sobre las vainicas. En cuanto el huevo esté cocinado, se retira del fuego y estará listo.

Esta es una receta básica, bien podría añadírsele tocineta, culantro u otros ingredientes para cambiar su sabor y presentación. Es ideal para servir en tortillas (gallos) o como acompañamiento del resto de alimentos.



domingo, 2 de noviembre de 2014

miel de coco y pipa


Y el sol brilló tan fuerte con su encanto hasta convertirse en coco. Y la luna iluminó sutilmente y se transformó en pipa. En aquella tarde del verano porteño, cuando colgaban de sus asiduas palmeras, borrachas sobre la arena, se encontraron de pronto, enamorándose al mismo tiempo. Aquel atardecer encendió sus colores, la brisa revoloteó en los cabellos de los enamorados y la arena formó ondas musicales con notas de pasión, para crear juntos una miel de amor.

Esas mieles que nos hacen suspirar, de antojo, de dulcera. A la mayoría les gusta el coco maduro y la variedad del coco tierno, llamado en Costa Rica como pipa tiene ese sabor a Caribe que llega de inmediato. Aquí les comparto una receta tradicional, usando la tapa de dulce (jugo concentrado de caña de azúcar cocinado, ensamblado en cubos – panela, piloncillo, papelón) uniendo tanto coco como la pipa.

Requiere de 1 coco fresco, al que se le extrae el jugo, se pela y se ralla finamente. La pipa por igual, se extrae el jugo, se parte y se extrae la parte interna blanca, que puede picar o rallar. El jugo de ambas frutas se toma como refresco natural, pero no se usa en la receta.

Aparte se pone 1 cubo de tapa de dulce en una olla de fondo grueso, con apenas ½ taza de agua para que se empiece a derretir. Se puede picar previamente. Se le añaden astillas de canela y clavos de olor, 1 cucharadita de vainilla  y ralladura de jengibre. Se deja hervir y que empiece a tomar la consistencia de miel.

En un sartén u otra olla, se derrite una cucharada de mantequilla. Ahí se coloca el coco rallado y se mueve para se impregne de la grasa y empiece a tomar un ligero color dorado. Cuando tenga el tono y se haya tostado un poquito, se incorpora a la miel. Se deja espesar moviendo siempre con una cuchara de madera. Cuando se logra ver el fondo de la olla y se desprende fácilmente de las paredes de la olla, es tiempo de retirar.

Ahí se añade la pipa rallada, de manera que apenas tome la temperatura de la miel, pero no se cocine y así disfrutar de un contraste de texturas. Se puede servir tibia, o bien pasar a otro recipiente para dejar enfriar y usar luego como postre.  Hay muchas formas de disfrutar de esta miel. Sobre una tajada de pan dulce casero; con un bola de helados de vainilla. Para rellenar empanaditas de harina. También puede agregar leche en polvo para compactar la miel y formar cajetas. 


jueves, 30 de octubre de 2014

boquita de berenjena


Siempre la he considerado entre los vegetales más atractivos físicamente. Por  lo liso de su piel (cáscara), por su forma rebelde, por su consistencia, por ser diferente y llamativa en su color. Un ingrediente que nunca se lució en la cocina familiar. Así que era solo de vista y no de consumo. Cuando la probé la rechacé. No me gustó. La razón era que no estaba bien preparada.

Una vez inclinado por cocinar y aventurarme a hacer cosas nuevas y probar sabores extras le di la oportunidad. Así llegó a mi cocina. Lo primero es aprender a manipularla y ver las tantas opciones que se pueden hacer con ellas. De ahí lo primero saber que es amarga por sí misma. Y debes tolerar este sabor para que te guste. Contrarrestarlo se hace partiéndola y dejándola reposar en agua por unos 20 minutos. En el agua queda el extra amargo de su sabor. También rociarla partida con sal y así emana su látex.

Curiosamente asada, al horno no requiere este proceso. Simplemente se cocina y sabe a lo que debe saber. A Berenjena!. Una de las preparaciones que más acostumbro por facilidad, sabor y resultado de presentación es en pastel, tipo lasaña. Sobreponiendo capas de láminas del vegetal, alternando con salsa de tomate y quesos. Se gratina al horno y es delicioso! La receta que les comento puede detallarla AQUÍ.

Pues bien.  Regresando de la feria del Agricultor un fin de semana,  llegaron a casa dos bellas y perfectas berenjenas. Delgadas sí, pero sanitas. De inmediato pensé en alistarlas para repetir la lasaña con ellas. Las partí en rebanadas, las puse en agua y sal, las escurrí y sequé, condimenté y sellé en un sartén. Ya era nada más casi de armar el pastel. Una cosa u otra fue atrasando la labor y al final las terminé colocando en un recipiente tapado y las metí en refrigeración para “hacerlas más tarde”. Ahí quedaron. Conservadas y frías.

Cuando el “más tarde llegó” ya era tarde. Ya no había tanto tiempo de pensar en horno, de reposo y el hambre “apretaba”. Si era fin de semana, tampoco urgía de una comida completa. Hasta unas bebidas con lúpulo, cereal y malta estaban tan frías, como la berenjena allá en la refri metida. Era más fácil empezar a picar boquitas, que ponerse a hacer más comida.



Qué hay de comer? Tortillitas tostadas, unas latas de atún, paquetes de maní y las berenjenas heladas. Sáquelas también!. Se comen calientes? Pues era la idea, además que ya estaban precocidas. Al microondas por 30 segundos fueron a parar, apenas para espantarle el frío. Cada rebanada sobre una tortillita frita. Un poquito de salsa de tomate tipo ranchero, sí de paquete y el queso mozarella que sería lo que uniría al pastel, terminó repartido al coronar la boquita de berenjena, que nacía en el repertorio de mi cocina.